Moscú en los años 20. Han pasado pocos años desde de la revolución de Octubre. En esos días se puede considerar a la ciudad como uno de los baluartes materialismo filosófico mundial. Dos intelectuales renegados de la esquizofrenia trinitaria cristiana discuten en un parque sobre la veracidad de la existencia de Jesucristo. Un educado y distinguido caballero extranjero que les oye hablar, atraído por tan interesante tema de conversación, se acerca hasta ellos y, pidiendo perdón por su intromisión, entabla conversación con ellos sobre tan profunda cuestión. Porfiando en su idea inicial de negación de Jesucristo, los intelectuales poco a poco se van sintiendo un tanto azorados por las extrañas respuestas con que el extranjero rebate sus bien aprendidos argumentos. En medio de este debate, cuando ya empiezan a dudar sobre la cordura del desconocido, de repente éste les espeta: ¿Y el Diablo? ¿tampoco existe el Diablo?
A medio caballo entre la sátira social, el cuento fantástico y el relato con transfondo filosófico, el libro narra la visita del mismísimo diablo al Moscú post-revolucionario nada menos que para celebrar el Baile Anual del Plenilunio de Primavera, fastuoso evento al cual asisten los más grandes pecadores de todas las épocas.
El Maestro y Margarita de Mijaíl Bulgákov es una novela considerada por muchos una de las novelas más importantes del Siglo XX en lengua rusa, así como una de las más cómicas. La obra fue prohibida por el gobierno de Stalin, con el que el escritor mantuvo muy malas relaciones. La novela tendría que esperar a ser publicada una vez muerto Stalin (1953) y descubiertas las atrocidades del stalinismo, momento en el cual la figura de este escritor fue revalorizada.
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- El hombre es mortal, pero eso es sólo la mitad del problema. Lo grave es que es mortal de repente, ¡ésta es la gran jugada! y no puede decir con seguridad qué hará esta tarde.
- Pero un ladrillo, así, de repente no le cae encima a nadie.
- Bueno - respondió aquél pensativo-, son hombres como todos... les gusta el dinero pero eso ha sucedido siempre... a la humanidad le ha gustado siempre el dinero sin importarle de qué estuviera hecho: de cuero, de papel, de bronce o de oro. Bueno, son frívolos..., pero ¿y qué?..., también la misericordia pasa a veces por sus corazones... Hombres corrientes, recuerdan a los de antes sólo que a éstos les ha estropeado el problema de la vivienda...
- Es un hecho. Y un hecho es la cosa más convincente de este mundo.
- ¡Nunca pida nada a nadie! Nunca y, sobre todo, nada a los que son más fuertes que usted. Ya se lo propondrán y se lo darán.
- No hay fuerza capaz de acallar una muchedumbre, que es necesario que exhale todo lo que tenga dentro y se calle por sí misma.
- ¿Es vodka? - preguntó Margarita con voz débil.
El gato, indignado, dio un respingo en la silla.
- Por favor, majestad - dijo ofendido-, ¿cree usted que yo sería capaz de servir a una dama una copa de vodka? ¡Eso es alcohol puro!
- Pero el quien ama, tiene que compartir el destino de aquel a quien ama.
- ¿Que haría tu bien si no existiera el mal y qué aspecto tendría la tierra si desaparecieran las sombras?
- Otra cosa más: no deje a nadie sin una sonrisa, aunque sólo sea una sonrisita, si no le da tiempo a decir nada, aunque sólo haga un movimiento con la cabeza. Bastará con lo que se le ocurra, cualquier cosa, menos la falta de atención...
- Si no existe el documento, no existe la persona.
- Cuántas veces he repetido que la principal equivocación que cometen ustedes es menospreciar los ojos humanos. Quiero que comprendan que la lengua puede ocultar la verdad, pero los ojos ¡jamás! Por ejemplo, si a usted le hacen una pregunta inesperada, usted puede no inmutarse, dominarse en seguida, sabiendo perfectamente que tiene que decir para ocultar la verdad y decirlo con todo convencimiento sin cambiar de expresión. Pero, la verdad, asustada por la pregunta, salta a sus ojos un instante y... ¡todo ha terminado! La verdad no ha pasado inadvertida y ¡usted está descubierto!
- ¿Para qué seguir las huellas de los que ya ha pasado?
- Los manuscritos no arden.